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El arte de sufrir (CKS included)

Despierto a las 4am.

Agua para hidratarme, agua para despertarme, agua. La computadora es la única compañía que necesito. Todo lo demás ya está dentro de mi mente. Tal vez un poco agitado por la presión. Un poco difuso entre la duda de estar preparado y el remordimiento de no haber estudiado lo suficiente.

Pero el tiempo se agotó. Ahora tengo que sentarme frente a la computadora y dar lo mejor de mí durante dos horas.

La espera en la fila de validación simplemente aumenta la tensión. Los hombros se empiezan a sentir tensos. ¡Pero si ni he empezado!

Es el quinto examen y aún no logro superar los nervios. Tal vez nunca lo logre. Porque es una batalla épica contra mí mismo. Y sí que sé darme batalla.

Por fin llega mi turno. Hay que mostrar el entorno. Al llegar a mostrar las manos sin reloj y los oídos para que validen que no tengo manos libres, me llega la incredulidad.

¿Por qué alguien querría hacer trampa en una evaluación tan importante?

Tal vez es mi inocencia la que habla. La que me exige estudiar aunque no tenga ganas de hacerlo. La que me dice que si no hay camino recorrido, el destino es irrelevante. Pero no me puedo creer que lleguen personas dispuestas a todo por un badge. Cuando lo más importante es el camino recorrido.

Y después de que explican las reglas —que se resumen en “no seas un tramposo y gánate esto por esfuerzo”— empieza la batalla.

La duda aparece. El pensamiento de: Todo esto te pasa por no practicar el inglés. Lee bien y con cuidado, que ahora no puedes malinterpretar.

¿Qué demonios es esto?

Paso a otra pregunta y: ahhh, esta sí la sé. Lo hago todos los días.

Otra pregunta y: ¿cuál es el bendito parámetro? Demonios mouse, escrolea más rápido.

Otra más y: ¿Qué cosa quieres que haga?

Intentos e intentos. Doy tres respiros. Miro el reloj y ya pasó una hora.

Cierro los ojos y me trato de autoconvencer de que sí sé. De que no puedo parar hasta llegar al final.

Por fin llego al final y quedan veinte minutos. Pero tengo tantas anotaciones en la pizarra que no sé por dónde recomenzar.

Yaaa!, copia una regla de acceso a archivos y no te fijes mucho en el formato. Sólo quieres saber un dato. Y no te olvides de validar que el pod quede en running.

Y luego sale la alerta: faltan menos de 5 minutos.

Aún te falta una pregunta más. Pero no tengo ni idea de qué hacer.

Efectivamente, no es suficiente leer la documentación. Pronto me doy cuenta de que, lo que en realidad debí hacer era leer con más calma la pregunta. Pero con treinta segundos no hay nada que se pueda cambiar.

Termina el examen y hay incertidumbre.

No logré hacer todo el examen. Pero sí hice varias cosas bien. El desafío fue igual o peor que la vez pasada en donde fallé. Pero hoy vine mejor preparado. O al menos eso espero.

Ahora son las 6:30 am y ya me siento deshecho, aunque el día apenas va a comenzar.

Me da tiempo de cerrar los ojos durante unos minutos. Trato de relajar los hombros, que sienten que han cargado el mundo entero. Tomo un café y empiezo el día.

Al menos, las actividades cotidianas quitan un poco del ancia que da la incertidumbre. Es mejor pensar poco en el resultado y aplicarme en no dormir.

El día acaba y llega de nuevo la voz que te dice: ¿Y si no pasas?

Y tratas de mentirte lo mejor que puedes: si no paso no pasa nada. Aunque sabes que eso es mentira, sé perfecto qué pasará porque no es la primera vez que he fallado este examen. Y llega el reproche, recuerdo las horas en que preferí visitar LinkedIn. O que estuvo mejor el video de YouTube. Así que la noche se hace corta y con constantes despertares.

A primera hora ves el teléfono y no hay nada. Sincronizas varias veces pero sigue sin mostrar correos nuevos.

Busco la forma de dormir un poco más. Sin éxito.

Y luego, llega la noticia. Quiero verla y a la vez no quiero.

Pero un Congratulations! siempre cambia la jugada.

Y pienso: ¡Lo logré! Todo un año no ha sido en vano.

Ahora es tiempo de compartir con la familia y amigos. Y sí, felicidades es la palabra que recibo.

Unos días después me doy cuenta de que no pasé nada. No gané nada.

Solo di unos pasos en la dirección del aprendizaje infinito. Y de lo único que estoy seguro es de que me falta muchísimo más por aprender.

Así que cierro la computadora y pienso para mí:

Nos vemos en la siguiente batalla.

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